Por COVID 19 se merece adoptar medidas con efectos suspensivos de nuestras ritualidades.

Los que esperan un segundo velorio y no lo tendrán

Por COVID 19 se merece adoptar medidas con efectos suspensivos de nuestras ritualidades.

Por Estercilia Simanca Pushaina – Abogada Wayuu

«Hace varias lunas, mientras tejía un chinchorro debajo de la enramada de mi nuevo rancho, antes de que calentara el sol y mi bultito llorón aún nadaba en mi vientre, imaginaba cómo sería mi velorio. Me preguntaba, qué pasaría si muriera hoy, ahora, aquí, mientras tejo este hermoso chinchorro, imagino a todos llorando, te imagino llorándome y pienso que esas serían las únicas lágrimas que derramarías por mí. Serían nueve días en los que la última noticia en estos lugares de la península sería mi muerte…

¿Verdad que llorarías por mí? Te acordarías en el próximo verano de mi muerte, creerías que soy yo convertida en mariposa quien te visita, comerías la comida de desierto que servirían, vendrías durante las nueve noches que dure mi velorio, le darías el sentido pésame a mi familia aunque no te conozca y todos preguntarían quién es ese alijuna que llora a nuestra hija. Pienso también que ese chinchorro que tejía sería donde me acostarían y donde dormiría hasta mi segundo velorio, qué bueno sería dormir en una de esas cajas donde acuestan a los alijunas cuando mueren, una caja de madera, con una tapa de vidrio, por donde se puede ver al muerto, por donde tú me verías también, tus lágrimas rodarían por tus mejillas, tocarían el vidrio de mi caja de madera y serían tantas lágrimas que derramarías por mí, que mi espíritu viajaría feliz, nadando en ellas, nadando en ti, pero no, estoy viva, y no me voy a morir tejiendo un chinchorro»

Así describo la ritualidad de la primera muerte en el Pueblo Wayuu en mi cuento «Bultito llorón, cara de indio» publicado por la editorial Santillana y que ha significado una circulación increíble en Colombia y Latinoamérica, trato de acercar al lector que no nos conoce y no conoce nuestra forma de ver el mundo, incluso puede tratarse de un vecino, a nuestras costumbres y fomentar el respeto hacia lo diferente, pero milenario.

En términos generales no admite discusión la dignidad de los muertos y las tradiciones culturales y religiosas en el Pueblo Wayuu, pero en las circunstancias actuales en donde respirar cerca de  dos o más persona genera desconfianza, un estornudo o una tos simple nos hace sentir cierta molestia contra quien lo hace y  pena si es uno el incontinente de un estornudo sonoro, incluso de aquel estornudo remilgado, merece adoptar medidas con efectos suspensivos de nuestras ritualidades.

En caso de que algunos cuerpos resultaren cremados y cuya causa de deceso pudiera ser por COVID19 en personas del Pueblo Wayuu no sería más que el seguimiento de los protocolos establecidos por los organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud y por instituciones oficiales nuestras como el Ministerio de salud en Colombia, los enfoques diferenciales de aplicarse significaría un esfuerzo económico de 150.000 pesos aproximadamente, por Wayuu que asista al ritual, si acaso llegaran a usar los mismos elementos que usa quien manipula un cadáver por COVID19 a saber: tres guantes especiales, máscara de filtración, gafas para evitar salpicaduras, botas impermeables y bata antifluido, los cuales son desechados después de su único uso y de manera inmediata.

Dado que el Corona Virus no mira la identidad de los que habitamos el planeta tierra, para el todos somos de la raza humana, somos el territorio perfecto para una colonización del virus y contra el cual no hay un antídoto que lo cure, ni una vacuna que lo prevenga, reclamar el cadáver para años después realizarle el  segundo velorio, sin saber hoy si en ese proceso de limpiar los huesos para guardarlos en un osario no habría consecuencias sanitarias que lamentar después y que en nuestra forma de ver el mundo pensemos que podría tratarse de un espíritu de enfermedad, el cual merecería  tener por nombre  Wuhan.

Esta pandemia nos obligó a cambiar y adoptar algunas cosas en lo social. Volver a saludarnos como antes eso cambió, con esto les quiero decir, con absoluto respeto, que también los Pueblos Indígenas deben adoptar transitoriamente algunas medidas, dado que América del Sur, es el nuevo epicentro del coronavirus: A-M-É-R-I-C-A.

El COVID-19 llegó a América del Sur más tarde que en otras regiones, pero a la fecha ya ha sobrepasado el medio millón de casos. Brasil se ha convertido en el país con la cifra más alta de infecciones por coronavirus en América Latina, seguido por Perú con más de 100.000 casos y Chile con más de 60.000, Colombia es uno de los países de acogida de migrantes venezolanos, las personas más vulnerables según Organización Internacional para  las Migraciones. 

Que se sepa, ningún miembro del Pueblo Wayuu que viva en su territorio o fuera de él ha fallecido por COVID19, de las muertes conocidas han sido por causas diferentes, pero los resultados llegaron después de ser cremados sus cadáveres sin tener una prueba que así lo certifique, consignando datos falsos y constituyendo así un delito las instituciones prestadoras de salud que lo autorizaron de manera inconsulta con los familiares de las fallecidas, aquí hay una violación a la dignidad póstuma del ser humano y a los principios fundamentales del Pueblo Wayuu en cuanto a sus ritualidades, estas personas debieron ser sepultadas en su cementerio materno, pero de manera inmediata. 

La recomendación aquí para la familia de las personas cremadas es iniciar una acción civil sin perjuicio de las acciones penales por falsedad en documento público, al consignar en el registro de defunción que eran positivos para COVID19, esto es un delito contra la fe pública, y buscar la reparación de los daños morales, contra la institución que autorizó la cremación por desconocer los deberes que nacen a raíz del reconocimiento de la muerte.

Duele, claro que duele, pero de no hacerlo y parafraseando a un funcionario público, lo que debemos evitar a toda costa es que haya una “tendereta” en el Pueblo Wayuu. No olviden los cuerpos de los niños wayuu que fallecieron lejos de sus territorios por la hambruna y por causas asociadas a ella, ellos también esperan un segundo velorio y muchos no lo tendrán.

Entonces ¿qué hacer? Lo que sus sueños, con sus muertos le indiquen, de seguro los tendremos y entonces pudiera ser yo con quien mi familia sueñe o quizás nunca sueñen conmigo.

NOTA: Quien tenga una forma de preservar el ritual de la primera muerte en los tiempos del Coronavirus que lo exponga, sin correr el riesgo de cargar con la responsabilidad de la “tendereta” después.